Así se acordó con las industrias, con un extra no remunerativo de 13.200 para los trabajadores, mientras que el gremio se quedará con un bono de 41 mil pesos por trabajador


Este año las negociaciones paritarias del gremio lechero se dieron en un marco de calma, como para no complicar el contexto político vigente, marcado por un tironeo entre las partes mismas de la coalición de Gobierno.

El mismo tono se da en todos los sindicatos, sin embargo, los números de la negociación demuestran que el contexto económico y social es más complejo de lo que se exhibe oficialmente.

Con conversaciones que llevaron semanas, el inicio de esta semana tuvo como conclusión un aumento salarial para 2022 del 60 por ciento (que incluyen el seis por ciento de adelanto que se había acordado el año anterior), con un adelanto de diez puntos porcentuales más, mirando hacia 2023.

Siempre es dable explicar que en la industria láctea los trabajadores que ingresan a la planta laboral sólo están tres meses en la categoría A, pasando luego a la categoría B que es la que siempre se toma como referencia.
El Centro de la Industria Lechera y la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina acordaron partir de un básico conformado para el mes de marzo de 110.117,75 pesos, sobre el que se aplica el 70 por ciento del incremento acordado, con incremento del seis por ciento para abril. A partir del salario de mayo el aumento conseguido es del 19 por ciento, con lo cual se abonarán dos cuotas no remunerativas de 6.600 pesos en meses consecutivos, que son los que componen el bono para los trabajadores que totaliza 13.200 pesos.

Para el mes de julio la suba ya llegará al 30 por ciento, con un conformado de 143.023,08 pesos. Al mes de septiembre se añade un diez por ciento más de aumento, llegando a 154.024,85 pesos. Diez por ciento más para diciembre, sumando 165.023,66; siete por ciento más en enero ($172.727,87), seis puntos más en febrero ($179.328,93) y así finalmente se arriba en marzo al total de aumento del 70 por ciento, con un básico conformado de 187.030,18 pesos.

De todas maneras, si bien el aumento es importante para los trabajadores, el gremio sigue con la estrategia instaurada hace tres años de negociar un tercer ingreso por trabajador. Se inició esto en 2020 con la excusa de precisar sustentar la atención médica a través de la obra social y ahora ya no se dan tantos detalles a la hora de presentar el pedido de fondos directos para el gremio, sobre todo porque en muchas regionales del país Ospil no tiene tanta influencia como en otras y ya la cuestión sanitaria no está tan a la mano.

Al descuento sindical tradicional, se le suma el aporte solidario que desde 2009 fluctuó en número y se paga por empleado por mes en las grandes empresas 1.500 pesos y en las pymes 750 pesos. El pedido para este año era que el tercer bono llegue a los 48 mil pesos por empleado, sin embargo el cierre quedó en 41 mil pesos.


Teniendo en cuenta como referencia a un litro de leche en el valor de 130 pesos, en un contexto de merma de consumo y de una mayor precarización de valores al momento de las compras minoristas, existe una diferenciación en cuanto a las cuotas por trabajador que recibirán los “dirigentes lecheros”.

Si bien hay una resistencia de las industrias para seguir sosteniendo esto, el arreglo con las grandes se dio en seis cuotas que comienzan a pagarse en el mes de julio de seis mil pesos, seguidos por cinco cuotas de agosto a diciembre de siete mil pesos.

En tanto, las pymes dan su pelea y lograron una vez más diferenciarse, aunque en las comunicaciones de Atilra no se haga la salvedad del tema, pagando esos 41 mil pesos, pero en un plazo más extendido.

Las pequeñas y medianas, gracias a la gestión de Apymel, pagarán el total en cuotas de seis mil en julio, tres cuotas de siete mil, mientras que noviembre y diciembre abonarán cuatro mil pesos, completándose en enero y febrero tres mil pesos más cada mes. El total es el mismo, pero el pago logra un plazo más extenso y adecuado a la realidad de las pymes.

Un año sin paros, sin bloqueos de empresas para negociar por el salario de los trabajadores, pero también uno más de beneficios extraordinarios para el propio gremio.