No es agrónoma ni veterinaria, pero se las arregló para aprender el oficio de su padre y hoy estar a cargo de la Estancia en la que se crió junto a sus siete hermanos. En una nueva entrega de ELLAS, comparte su vínculo con el campo y sus desafíos.


La Sociedad Rural de Azul ya cuenta, desde su fundación, con 140 años de antigüedad. Y cuando cumplía 136, eligió por primera vez en su historia a una mujer como presidente.

En una nueva entrega de la serie de podcast ELLAS, Juliana Romat relata su trayectoria, desde su infancia en el campo, hasta luego estudiar contabilidad, pero dejarse sorprender por la vida; y cómo fue que su padre, Armando, cuando necesitó ayuda para manejar el campo, la eligió entre ocho hermanos para hacer el traspaso generacional y que la empresa familiar siga su curso.


– ¿Qué recordás de tu infancia campera?
– Nací en Capital Federal, pero a los 15 días nos volvimos a Estancia La Angélica, en el partido de Azul. Ahí es donde viví toda la vida. Hace 58 años, era como los campos de entonces, sin luz eléctrica, teníamos un motor que se prendía unas pocas horas al día, se hacían muchas tareas afuera. Una familia de muchos hermanos, ayudábamos en todo. Hacíamos muchas tareas rurales. Cada uno tenía una actividad: filtrar la pileta, subirse al caballo y recorrer, ir a la manga, ayudar en la cosecha, o lo que sea. Se llegaba obviamente por caminos de tierra con lo cual nos movíamos poco. Ni a misa íbamos. Mis padres ponían la misa en la radio los domingos por la mañana. Vivíamos una vida de campo sencilla. Jugábamos mucho entre los hermanos hasta que se escuchaba la campana que nos avisaba que había que volver a bañarse y cenar. Tuve una infancia feliz.

– Cerrás los ojos y ¿qué ves? ¿Qué sentís? ¿Qué recuerdos te vienen?
– (se ríe) Comíamos mucho asado. Estábamos mucho afuera, subíamos a los árboles, montábamos mucho a caballo, hacíamos como te decía trabajo de campo. Todas las sensaciones de esas tareas las tengo incorporadas. Fueron momentos felices de mi vida que los recuerdo y me emociona, después de tantos años poder seguir estando en el lugar donde nací.

– Una familia numerosa, con ocho hermanos, 10 personas en total. ¿Había que jugarse la vida por una milanesa?
– Todos colaborábamos, nos hacíamos la cama, y mamá tenía una persona que la ayudaba con las tareas y con nosotros. La realidad es que como los caminos rurales eran bravos, más los días de lluvia, la escolaridad la hicimos primero en una escuela rural, después en Azul, y ya para quinto grado nos mandaban pupilos a Buenos Aires, a un colegio inglés. Por eso, todos nos reuníamos en fin de semana largo o vacaciones. Pero sí, era una mesa grande, con papá en la punta de la mesa y mamá al lado.



– ¿Hay algo que te hubiera gustado estudiar que no hayas hecho?
– Cuando terminé quinto año tenía 17 años, uno no tiene mucha idea de lo que quiere seguir. En mi época no se hacían los test vocacionales. Viendo que andaba bien con las matemáticas, mi papá me sugirió que estudiara contabilidad. Y así arranqué la carrera de contador público. Mis otros hermanos habían ido por el lado del campo: uno agrónomo, otro veterinario, otro administrador en producción agropecuaria. Yo era la cuarta y como no tenía otra opción empecé con contabilidad. La verdad es que no era lo que me gustaba, pero nunca me animé a decirlo y seguí. Después me puse de novia, me casé y nos fuimos a vivir al campo del papá de mis hijos en Salto, cerca de Pergamino. Esa fue la excusa perfecta para dejar la facultad ya estando en cuarto año.

– ¿Te arrepentís de no haber terminado o de no haber hecho otra cosa?
– Si. Me arrepiento de no haber terminado porque las cosas hay que terminarlas en la vida y siempre viene bien tener un estudio universitario. Pero así fue. Creo me equivoqué.

– Con el diario del lunes, si pudieses elegir, ¿Qué hubieses estudiado? ¿Algo de campo? ¿Algo más artístico?
– Pensando en donde estoy hoy, me hubiera servido haber hecho algo de campo. Pero me gusta mucho el arte, el diseño, la arquitectura.

LA CONTINUIDAD FAMILIAR
– Vivías en Pergamino cuando tu padre, Armando, convocó a sus hijos y les dijo que alguien tenía que ocuparse del campo, QUE había que tomar la posta. ¿Qué recordás de ese momento? ¿Se te cruzó por la cabeza que podías ser vos?
– Cada tanto nos juntábamos en Azul a reuniones familiares. Papá nos había hecho un adelanto de herencia, la mitad de su capital, para que lo manejáramos. En una de esas reuniones nos dijo que estaba grande, que tenía más de 70 años, que tenía 14 empleados, varios campos que administraba y ya no quería hacerse cargo de todos. Preguntó quién podría tomar la posta. Yo escuchaba, pero sin escuchar, porque me parecía que no era para mí, menos teniendo hermanos mayores que habían estudiado algo vinculado al campo. En ese momento nadie dijo nada, pero un día mis hermanos me tocaron la puerta y me dijeron que ellos creían que era yo la indicada para acompañarlo.

– ¿Y qué hiciste? ¿Sentías que estabas preparada?
– Yo la verdad, pensé que nunca iba a tener que hacerlo. No sabía ni por donde empezar. Pero justo en ese momento estaba atravesando una situación especial. Uno de mis hijos había tenido a los 18 años un golpe jugando al rugby y producto del golpe había tenido un ACV que le había dejado algunas secuelas. Luego de pasar por la rehabilitación inicial, yo veía que lo estaba asistiendo demasiado y a lo mejor no era lo mejor para él. Una como madre trata que sus hijos no sufran nunca. Lo pensé y creí que era el momento de apartarme de mi hijo para que se valga por sí mismo, y me iba a colaborar con mi padre.


– ¿Fue muy distinto de lo que te habías imaginado empezar a trabajar en el campo?
– Mi padre estaba feliz de que yo estuviera con él. Y me empezó a llevar a todos lados, queriendo transmitirme todo. Me di cuenta que la parte económica de la empresa era muy importante. Hoy hay que estar afilado en eso. Hay muchos impuestos, compras, ventas, hay que ver qué negocios hacer y cuáles no. Empecé en la oficina, en Azul, a trabajar con la contadora. Entonces, me empecé a meter en la parte financiera de 8 a 12; después el banco; y finalmente corría al campo para llegar a almorzar con papá. A la tarde, claro, después de una siesta, a recorrer.

– ¿Cómo fue el vínculo con tu padre, la amalgama intergeneracional?
– No te voy a decir que no nos sacamos chispas, pero supimos encontrar los caminos para que el árbol no nos tapara el bosque. Cada uno desde su lugar, supimos que había que trabajar juntos, para que esto funcionara, para que continuara su legado. Yo tenía que aprender para poder manejar todo. Es cierto que tenía colaboración externa, veterinarios, empleados antiguos que ya conocen cómo se viene trabajando, todo eso ayudó mucho. Tuve la posibilidad de haber trabajado 10 años junto a mi padre y haber aprendido para poder continuar ahora con todo. Me quedé en sociedad con algunas hermanas y puedo continuarlo. Me siento agradecida de haber podido acompañar su vejez.


EL ROL DE LA MUJER
– ¿Cómo te ha ido siendo mujer en el campo?
– Es real que en el campo hay más hombres que mujeres. Por ejemplo la institución nuestra, que cumple 140 años, recién a los 136 años de vida tuvo una presidente mujer que fui yo. Eso es una realidad, pero nunca me sentí distinto. Al contrario, siempre me he sentido cuidada. He tenido un lugar de privilegio. Creo que es una buena complementariedad. La mujer tiene otro punto de vista. El hombre por ahí es más práctico, la mujer mira todo en su conjunto. A mí me fue bien, nunca jamás nadie me ha faltado el respeto. Cuando llegué a Azul, lo primero que me sugirió mi padre fue que me haga socia de la Rural. Y así fue. Empecé a ayudar como podía. Eso me abrió puertas. Para pasar de tranquera para adentro a relacionarme con la comunidad y a trabajar con la gente. Uno casi siempre recibe más de lo que da. Esa ha sido mi experiencia al acercarme a personas de distintos ámbitos que forman parte de la comunidad. Nunca siendo mujer alguien me hizo sentir distinto.

– ¿Qué te gusta más de lo que hacés hoy?
– Me gusta muchísimo formar equipos de trabajo, darle la posibilidad a todos, que sea un equipo horizontal, no vertical, que la palabra de todos sea escuchada. Lo hago a nivel privado, en nuestro campo, y también lo promulgo en la Rural que presido.


FUERA DEL SURCO
– ¿Algún lugar en el mundo que te gustaría conocer?
– A mi me gusta mucho viajar, trato de hacerlo a lugares donde uno pueda traerse conocimiento, trato de hacerlo con mis hijos. Todos los años hacemos un viaje para estar juntos, conocer, enriquecernos, ver otras realidades. Ningún lugar en especial. Viajar juntos.

– ¿Alguna actividad por fuera de lo que hacés en la que busques resetearte?
– Me gusta mucho el arte. La arquitectura. El tejido me distrae. Siempre estoy haciendo algo. Restaurando un mueble, pintando. Soy bastante inquieta y me gusta estar activa.

– ¿Alguna mujer modelo, ejemplo o que admires?
– Uno siempre piensa en la madre, que tanto ha trabajado en nuestra educación. Ha acompañado a un hombre que no ha sido fácil, ella era porteña y a los 21 años se fue a vivir al campo. Un campo donde no había luz, el agua era del molino, había poca, y crió ocho hijos en un ámbito rural en el que no había sido criada. El esfuerzo que habrá hecho. Y también le debe haber costado mandar a sus hijos pupilos, lo entiendo como madre ese desarraigo. Pero pensó en nosotros para darnos una mejor educación.


– ¿Tenés alguna frase de cabecera, o algo que quieras dejar como mensaje de cierre?
– Creo que el éxito es la suma de los pequeños esfuerzos repetidos día tras día. Uno tiene que comprometerse, hacerlo con responsabilidad. Lo que uno haga tiene que hacerlo de la mejor manera posible. Es lo que tocó, con las buenas y las malas, mirar lo positivo y meterle para adelante. Siempre tratando de estar feliz con los seres queridos y quienes tiene al lado. Ese es mi lema de vida, lo que trato de poner en práctica cada día.

MUJERES EN CAMPAÑA
“ELLAS” es una serie de podcasts realizados por Infocampo con mujeres de campo que inspiran por su historia emprendedora, y que cuenta con el acompañamiento de “Mujeres en Campaña”, una iniciativa de New Holland Agriculture que ya tiene un camino recorrido y embajadoras de distintos lugares del país.

La Iniciativa Mujeres en Campaña (MEC) surgió cuando comenzamos a notar que existen muchas mujeres involucradas en el campo con grandes capacidades y que todas teníamos algo en común: la necesidad de compartir experiencias vinculadas al campo y al trabajo rural, nuestro principal objetivo es visibilizar el rol de la mujer rural en cualquiera de sus tareas sea como cliente o como una referente para el sector”, señaló Roxana López, referente de Marketing New Holland Argentina.

Desde “Mujeres en Campaña” desarrollaron el concepto de “embajadoras” que permite conocer un poco más de cada una en su rubro y, a su vez, difundir cómo trabajan y cómo se sienten.

El objetivo de este maridaje entre ELLAS y Mujeres en Campaña es llegar a mujeres de distintas edades y distintas zonas geográficas. “Nos enorgullece cuando un padre nos comenta que le recomendó a su hija inscribirse en nuestra plataforma para capacitarse y realizar algún curso de los que ofrecemos”, agregó López.

Desde la plataforma de MEC, se puede acceder a capacitaciones, foros, talleres, entrevistas y contenido de interés, además, cuenta con una Feria de Emprendedoras para dar a conocer los proyectos que lideran las seguidoras.