Un artículo elaborado por economistas de la Fundación Mediterránea explora los motivos por los que la Argentina no logra aprovechar un escenario de alta producción y buenos precios internacionales.


El Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea difundió su informe de coyuntura semanal, en el que uno de los artículos hace hincapié en intentar explicar por qué se complica el objetivo de recuperar reservas, pese a que los términos de intercambio –fundamentalmente, los precios de las commodities– son de los mejores de la historia.

Y en ese punto, los economistas Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez hicieron foco en el “dólar soja” y explicaron por qué en este momento está siendo más un placebo para las ansias del Banco Central de encontrar un alivio, que un verdadero remedio ante la escasez de divisas.
“El ‘dólar soja’ está probando ser un instrumento que sólo modifica el calendario de la liquidación de exportaciones, pero no cambia la tendencia de fondo”, resumieron los analistas.

En concreto, se refieren a que si bien septiembre tuvo una liquidación récord durante la primera etapa del Programa de Incremento Exportador (PIE) y ahora la segunda etapa en diciembre muestra un interesante avance, octubre y noviembre marcaron una notoria caída en las exportaciones.

En otras palabras: es probable que lo que se termine liquidando en el último cuatrimestre del año de manera acumulada, es lo mismo que se hubiera logrado sin el “dólar soja”, solo que de una manera más gradual.
Como corolario, para Vasconcelos y Gutiérrez es una medida que además “genera un sesgo anti-exportador para el resto de los sectores, que significan el 75 % de las ventas al exterior”.

EL AGRO, LOS DÓLARES Y EL GASTO PÚBLICO
En su artículo, los investigadores apuntan que, para acumular reservas, el único instrumento disponible es el de lograr superávit de la cuenta corriente del balance de pagos.

En este marco, el problema reside en que esa variable ha registrado un marcado deterioro en los últimos 12 meses, pasando de un superávit equivalente a 1,4 puntos del PIB en 2021 a un déficit de 0,9 puntos del PIB en 2022.
De movida, Argentina tiene una restricción: el valor agregado total de la economía descansa sobre una base muy angosta de sectores que producen bienes y servicios exportables. Fundamentalmente, la Agricultura y Ganadería y la Pesca; pero también la Explotación de Minas y Canteras y la Industria Manufacturera.

Sin ampliar esa base exportadora, se complica mejorar la balanza comercial. No obstante, el principal problema es otro: un gasto público sobredimensionado y que no deja de crecer.

“El resultado de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos fue positivo en 2,4% del PIB entre los años 2004 a 2006, pero en aquel momento el peso de gasto público sobre la economía era 15 puntos del PIB inferior al actual, lo que permitió que los sectores que producen bienes exportables llegaran a capturar el 31,2% del PIB”, afirma el estudio.

Y completa: “En cambio, en 2022, con términos de intercambio 44,4% mejores a los de 2004/06, la participación de los sectores transables en el PIB se ha achicado a 25,8 %. La mejora de los términos de intercambio ha sido fagocitada por el creciente peso del gasto público y el persistente déficit fiscal, como lo muestran diferentes ratios de precios implícitos que surgen de las propias cuentas nacionales”.